¿Cuántas veces te has descubierto haciendo algo por el qué dirán o el qué pensaran?

¿Cómo te sentirías si actuaras según lo que tu quieres o piensas?

¿En cuántas ocasiones has renunciado a algo importante para ti por no poner esos límites?

Si lo piensas bien, detrás de no poner límites o estar demasiado pendiende de querer quedar bien está la supervivencia. Asociamos quedar bien con pertenecer a un grupo, a una familia, a una tribu. Si estuviéramos en la selva y no pertenecieramos a una manada ¿qué probabilidades tendríamos de sobrevivir?

Ahora bien, ¿hasta que punto llegamos a aplicar este principio de supervivencia?

Aprendemos durante nuestra vida a quedar bien. Seguro que alguna vez, de niña y no tan niña, escuchaste: ¿qué dirán si no te portas bien? o ¿qué dirán si te vistes así?. Huímos del rechazo. Tenemos miedo al rechazo.

Como todo miedo, aporta cosas positivas a nuestra vida. El tema es cuando este miedo nos paraliza y nos quedamos callados, inmóviles antes situaciones que nos perjudican.

¿Cuántas veces te habría gustado decir NO y no lo has hecho?

¿En cuántas situaciones dejamos que alguien traspase un límite que nos gustaría haber puesto?

Erróneamente, por educación, hemos entendido que los límites se ponen des de la autoridad. Con gritos, si es necesario. Y te digo que eso no tiene nada que ver con la asertividad y la elegancia de la que quiero hablarte.
La asertividad tiene que ver con hablar de igual a igual. De valorarte a ti misma y, desde este valor que te das, actuar.

Para ello quiero traerte algunos trucos de la mano de quien para mi es una maestra de poner los límites con elegancia: Gemma Fillol de www.gemmafillol.com y www.extraordinaria.es Haga lo que haga, esta mujer siempre me deja con un WOW en la boca.

Si te encuentras en situaciones en las que te gustaría poner límites con elegancia a alguien de tu familia o de tu familia política, en el trabajo, con colaboradores, a conocidos…

¡No te pierdas lo que nos explica Gemma!