¡Hola! ¿Cómo estás?

Este es el primer post de una série que he ido cosechando en mi mente durante bastante tiempo. He estado dando vueltas a cómo enfocarlos, a qué información traerte, a qué historias contarte…y es que en esta série de posts hablo de una parte muy natural de la maternidad: el miedo.

Por suerte y porque somos muchas las que estamos trabajando para enseñar esta cara de la maternidad, cada vez más se habla de lo que antes no se hablaba. Hasta que una no lo vive directa o indirectamente, ni se imagina la envergadura de lo que no se cuenta.

Como toda experiencia en la vida, tiene su parte bonita y su parte reto. La parte bonita la sabes de sobra, es con la que disfrutas y es, también, la que siempre nos han mostrado las películas, las fotografías, la sociedad…

La parte reto es con la que nos enfadamos, luchamos, aceptamos, crecemos, evolucionamos y al final, agradecemos. Entre lo mucho que hay en esta parte reto nos encontramos el miedo. Sí, esa emoción que sentimos ante lo que consideramos real -o en nuestra mente- un peligro.

Antes que nada, decirte que sentir miedo es natural. En ocasiones, no vivimos bien la transición por el miedo porque consideramos que es algo incómodo, porque queremos luchar contra él y porque nos enfadamos con nosotras por sentirlo y empezamos a dar vueltas y vueltas a la cabeza acerca de esa situación que nos genera miedo. Retroalimentamos ese miedo con nuestros pensamientos y vamos convirtiéndolo, poco a poco, en algo demasiado grande.

¿Te acuerdas del momento en que supiste que estabas embarazada? Seguro que sí. Y también apuesto porque notaste un torrente de emociones dentro de ti 😉 Quizá entre ellas también estaba el miedo. Me apuesto a que, en gran o pequeña medida, ha estado presente en algún momento de tu embarazo y también después. Sí, ¿y qué? No es malo sentir miedo. Al contrario, estamos vivas gracias a haber experimentado miedo en nuestra vida.

Por mi trabajo, he tenido la oportunidad de escuchar y conocer muchos miedos de muchas madres y también de vivirlos en mi propia piel. Entre ellos está el miedo a que les suceda algo a nuestr@s hij@s, el miedo a no ser una buena madre, el miedo a las responsabilidades que implica, el miedo a no poder darles lo que necesitan, el miedo a dejar de lado nuestra carrera profesional, el miedo a no poder compaginar como nos gustaría trabajo y familia, el miedo a los cambios que experimenta el cuerpo, el miedo a la opinión de los demás…

Todos estos miedos se generan a partir de nuestros pensamientos. Lo que pienso me lleva a sentirme de una determinada manera u otra y desde aquí es desde donde actúo de una forma u otra. La clave está en que podemos elegir nuestros pensamientos. Podemos elegir los que nos ayudan y los que no. Los que nos facilitan el camino y los que no. No te digo que sea fácil hacerlo, pero sí te digo que es posible y que puedes hacerlo. No te creas nada de lo que te digas 😉 Cuestiónalo, y si te sirve quédatelo, sino suéltalo y a por otra cosa!

Con este post inicio una série de posts acerca del miedo para que te ayuden a convertir la transición por él en algo fácil y para que tengas más herramientas que aplicar cuando lo necesites.

Ah! Y no te olvides de comentar todo lo que quieras acerca de tu experiencia con los miedos en el espacio de comentarios.

Un abrazo y fácil transición 😉

firma_montse